Australia y su foco en la sociedad civil para implementar la Agenda 2030

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Si bien cada país ha tenido una aproximación distinta a la concreción de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), el país oceánico ve en la agenda un instrumento integral donde la sociedad civil, el trabajo voluntario y las universidades juegan un papel crucial.

En su Informe Nacional Voluntario presentado en 2017, Australia detalló las acciones que ha emprendido para cumplir con los objetivos de la Agenda 2030, entre las que se encuentra la reorientación y fortalecimiento del sistema de voluntariado, como una manera de utilizar un recurso disponible y aprovechar su potencial para la creación de una cultura solidaria que permee los valores que promueve el desarrollo sostenible. Una revisión de esta y otras acciones, en la siguiente nota.

Importancia de la sociedad civil para superar los desafíos

Tal como ha sucedido en el resto de los países miembros de Naciones Unidas, Australia ha asumido el compromiso de llevar a cabo los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) bajo el prisma de que se trata de una aproximación universal para reducir la pobreza, promover la economía verde y asegurar la paz y la prosperidad. Este compromiso no solo se asume como parte de un mandato, que supone la firma de la Agenda en conjunto con los 193 países miembros de Naciones Unidas, sino como parte de una continuidad de acciones y la materialización de principios históricos tales como la libertad de expresión, la promoción de la democracia liberal, el Estado de Derecho y el respeto a los Tratados Internacionales.

Estos principios se comprenden en el contexto actual de Australia, dominado por la diversidad étnica y cultural. Casi la mitad de su población nació en el extranjero, o al menos uno de sus padres lo es. A pesar de esta diferencia de culturas y ancestros, Australia comparte valores comunes como la equidad, la inclusión, la tolerancia y el respeto mutuo. Tales valores se consideran pilares para construir relaciones sólidas y lograr una sociedad cohesionada.

Los principios históricos de respeto a la ley y los valores de altruismo que encarna la nación australiana se asimilan con el planteamiento de la Agenda 2030, cuyos ODS además coinciden con los intereses del gobierno australiano en potenciar el acceso a la salud, educación, al agua y a la agricultura verde. A ello se suma la necesidad de reforzar una de las acciones que más dificultades han debido superar los gobiernos, la inclusión de minorías, entre las que se encuentran los aborígenes, las mujeres, niños, personas con discapacidad y personas LGBTI.

Estos puntos en común son mencionados en el relato que da forma al Informe Nacional Voluntario, presentado en 2017 y que reconoce al gobierno como uno de los actores en la concreción de los ODS, pues la agenda no tendría la misma efectividad si no involucra plenamente en sus actividades al sector privado y a la sociedad civil organizada. Esta alianza entre actores interesados y que no persiguen fines de lucro, contribuye al logro de los ODS, tanto por su aporte económico como de recursos humanos.

Voluntarios, sociedad civil y la Agenda 2030

Entre las acciones que reconoce el informe como significativas a la hora de avanzar en los ODS es el trabajo que realizan los jóvenes voluntarios en distintos ámbitos. Por ejemplo en la construcción de viviendas, promoción del deporte, educación, religión y servicios sociales en el socorro y emergencia. Según cifras de la organización Volunteering Australia, para el 2016 un 19 por ciento de la población mayor entre 15 y 35 años estaba comprometida con algún tipo de trabajo comunitario.

Estas cifras son respaldadas por el Censo de 2016, que determinó la cantidad de 3,6 millones de personas involucradas con algún grupo u organización destinada al trabajo filantrópico o comunitario. Esto revela un aumento de un 1,2 por ciento de voluntarios más que en el censo de 2011. Es por ello que el informe reconoce que el trabajo de los voluntarios es indispensable para lograr los objetivos, en primer lugar porque los jóvenes son los principales agentes en crear conciencia, inspirar y comprometer a otros en realizar esfuerzos, tanto a nivel local como nacional.

En segundo lugar, porque los jóvenes tienen la capacidad de crear una cultura de inclusión sustentada en la solidaridad. Esta característica es reconocida por el informe como un elemento esencial a la hora de construir capacidades y promover la participación del resto de la sociedad. De esta manera, el trabajo voluntario es visto como una característica de cohesión social que permite avanzar en las transformaciones sociales, ambientales e institucionales necesarias para el logro de la agenda.

Entre los logros obtenidos después de la aprobación de la agenda en septiembre de 2015 es que se alcanzaron 932 millones de horas de trabajo voluntario y más de 12 mil millones de dólares australianos destinados a caridad y programas sociales. Pero también la sociedad civil ha contribuido al seguimiento de los ODS a través de la vinculación de organizaciones con sus propósitos. Por ejemplo, el Consejo Australiano de Servicio Social de Australia (Acoss), la Red de Soluciones de Desarrollo Sostenible (SDSN) y la Asociación de las Naciones Unidas de Australia (UNAA) se han potenciado sus actividades para seguir las acciones de la Agenda 2030.

Todas estas acciones impulsadas por la sociedad civil ha llevado a que las universidades incluyan a la Agenda 2030 en sus planes estratégicos y en las mallas curriculares. En un documento elaborado por Naciones Unidas en conjunto con la organización Campus de Australasia Hacia la Sostenibilidad (ACTS) se reconoce que esta vinculación se produce por una necesidad de crear conocimiento relativo al ODS 4 sobre calidad de la educación, no solo permite generar las condiciones para la innovación, sino proveer una definición globalmente aceptada de universidad responsable que además de mejorar en términos de inclusión, brinde apoyo a los gobiernos para la adopción e implementación de los ODS desde una perspectiva política, operacional y cultural.

Sociedad civil y Agenda 2030 en la realidad chilena y regional

Una mirada local sobre la contribución de la sociedad civil a la Agenda 2030 en Chile tuvo Sebastián Ainzúa, quien es uno de los autores del Informe Luz sobre la Implementación de la Agenda 2030 en Chile: Una Oportunidad para Transformar al País. En su opinión, nuestra realidad aún presenta desafíos metodológicos. “Tiene que ver con falta de información que ralentiza el proceso inicialmente. Hay algunos indicadores que no existen, otros que hay que construir, por lo tanto ahí hay un proceso relacionado con el conocimiento técnico. Cuando tenemos 17 objetivos y más de 200 indicadores se hace difícil hacer un seguimiento y, sobre todo, priorizar políticamente. Se puede hacer un ejercicio académico de completar toda la información, pero en rigor lo importante en estos casos es tomar este menú que nos da la ONU y decir, vamos a enfocarnos aquí”, señaló.

Más aún, para Ainzúa uno de los principales desafíos para el trabajo con los ODS a nivel nacional responde a una falta de voluntad política. “Las dificultades estriban en que nadie le ha dado contenido político a este ejercicio, más allá de dedicarnos a recopilar y construir indicadores, esto es algo que debió lanzarse en una campaña presidencial de un programa político desde un primer momento. Es necesario decir cuáles ODS vamos a cumplir o van a guiar el trabajo de los ministerios. Tenemos que transmitir la importancia de esta agenda y permearla a todas las instituciones del Estado, esto no solo en la gestión que lleva adelante el Ministerio de Desarrollo Social, sino para reconocer los principios orientadores que todos debiéramos cumplir y utilizar los instrumentales para hacer seguimiento a la política pública, debiéramos transmitirlos a los ministerios y a la sociedad civil”, agregó.

En relación a la vinculación entre la academia y la Agenda 2030, Alonso Matarrita, profesional en Relaciones Intetrnacionales e investigador del Instituto Centroamericano de Administración Pública, además de experto en Agenda 2030, comentó que se espera una mayor priorización de los gobiernos en relación a la planificación e implementación de los ODS. “Se trata de una Agenda que incorpora distintas áreas del desarrollo, no solo lo económico sino lo social, ambiental, de salud, la institucional, etc. Es una forma de que al realizar acciones en un ámbito se incide en otros paralelamente. La agenda también es multinivel, porque puede ir desde lo regional -desde América Latina se pueden construir instrumentos que aporten al alcance de la agenda- como también a nivel nacional y local”, opinó.

De igual manera, comentó algunas de las características que debería tener la mirada sobre la agenda. “Nos dice que nadie se quede atrás, esto plantea mejorar la calidad de vida por encima de los beneficios económicos o lucrativos de las empresas. Se ve al ser humano no como un generador de riquezas, sino como actores centrales de derechos, por lo tanto los gobiernos son los responsables de crear las condiciones. Por eso para incorporar a la sociedad civil, las universidades, sector privado y gobiernos locales es necesario superar la falta de planificación estratégica y de comunicación entre actores. Es importante el cómo nos comunicamos y planificamos en torno a esta agenda. Hay muchos actores que funcionan según sus propios intereses y no del interés común, por lo tanto este es un gran desafío”, sentenció.